En búsqueda de una respuesta
Publicado en General el 29 de Abril, 2007, 20:46 por Lord Galdor|
Ahora os contaré la historia de un joven de adolescente edad, que vivía frustrado el día a día viendo pasar los años en soledad, viviendo encerrado entre cuatro paredes en apariencia sólidas, pero que en cualquier momento podían ser arrasadas, paredes construidas sobre falsos cimientos, formadas por un falso hueco. El chico no deseaba que llegará el siguiente día, mas esté siempre llegaba, pues el reto de enfrentarse de nuevo al mundo, le hacía estremecerse. La gente lo miraba raro, él se comportaba como si de otro mundo proviniera y se encerraba en él.
Pero un día, navegando por Internet, en su servidor de correo instantáneo, llamémoslo CSI, encontró en él una persona que lo comprendía, con la cual se sentía identificado y que veía en ella la solución a tantos años de soledad, incomprensión y marginación. Desde ese día, el muchacho tuvo deseos de dormir y que llegará el siguiente día, esperando segundo a segundo encontrarse por fin con su amada. Por fin tenía un motivo para sonreír las burlonas miradas de la gente por la calle, por fin alguien quería vivir en ese mundo que, con los años, tan decididamente había construido. En ella no encontró la burla ni el complejo, en ella encontró la elegancia de la infancia, no se sentía rechazado y lo mejor, no se sentía extraño a su lado. Algún día, pensó, nos encontraremos.
Pero no fue así, pasaron semanas y los dos jóvenes no se encontraron. Fatal noche pasó, el día en qué pasaban veintiocho días de su primer encuentro, cuando el chico sufrió y a la vez disfrutó de plácidos sueños, pero a la vez inquietantes; en ellos veía el rostro de su amada moverse de un lado al otro, hipnotizándolo, tan hermosa como era dichosa doncella. Aquí te estoy esperando – hizo la joven en un último suspiro- espero no perderte nunca. El sueño había desvelado al desdichado mozo que pasó las horas tumbado en su lecho pensando en su dama, meditando con ahínco que podía hacer él para de su compañía poder disfrutar. Tan dura fue la batalla del chico con su inconsciente, que rápidamente empezó a notar como le sudaba el cuerpo, le temblaba y, finalmente, se sintió por toda la casa, como un cuerpo de mediana estatura caía sin amortiguación alguna, sobre el frío suelo. De repente, las tinieblas del hielo le propiciaron la que sería la peor llamarada de su corta vida.
El día después despertó bañado en cientos de toallas húmedas, frías, provocándole de nuevo una ráfaga de hirviente castigo. El hospital era un lugar hostil, lleno de enfermeras sin ningún tipo de altruismo en su corazón. Hicieron del muchacho un hombre desgraciado, riéronse de su vestimenta y del estado de sus genitales y huyeron con cara de consternación al ver el estado del joven en su tablón; la pena era el último indicio que quería encontrar el enfermo, después de la inspección de aquellos ogros que apestaban a tabaco barato. Así fue como miró a sus padres, miró a sus familiares y el llanto emergió de entre todos aquellos ojos, haciendo que los suyos los imitaran, temiendo lo peor. Sufría una depresión ya avanzada, que le iba atrofiando su potente cerebro, tan grave era que en unas semanas, su corazón olvidaría el significado de latido y éste moriría sin sentir dolor alguno.
En ese mismo instante, aparecieron sus dos únicos amigos, aquellos que la sociedad también había marchitado; sus rostros mostraban el dolor de perder a una de las dos personas más importantes de su vida. Espontáneamente, sin fuerzas para hablar, el maldicho cogió un bolígrafo y sin tiempo de pensar sus palabras, ni pararse a pensar si su letra era inteligible, escribió: “Sois las personas que más admiro. Vosotros me dais consejo. Ella me dará felicidad emocional. Ahora empieza mi lucha. Esperad atentos.”
Y así fue como las aún vivas neuronas del chico empezaron a trabajar. Ante él, había un gran dilema ético, que debía hacer con su amada, podría decirle la verdad, pero eso le causaría un gran daño, él quería verla antes de morir, no obstante, la herida no cerraría nunca. Sabía que debía enviar a sus amigos para hablar con ella desde su ordenador. ¿Pero que deberían decirle?, era demasiado joven y demasiado vulnerable para soportar tales acontecimientos. Esta vez, el consejo desinteresado de sus amigos no serviría. Temía no verla nunca, pero sabía que no la vería. Así que decidió hacer algo bueno por ella, merecía algo mejor, pero no se lo podía dar; decidió hacerla feliz con lo único que podía, con su desprecio, solo eso apartaría a la muchacha de vivir un calvario; la vida ya había sido bastante cruel con ella, él no dejaría que acabará así.
Su mano volvió a renacer, escribió: “Odiadla por mi”
Instintivamente, las garras del moribundo se plantaron sobre las de su amigo, había llegado a la conclusión que eso también la mataría. ¿Qué más podría hacer? Después de darle muchas vueltas llegó a la conclusión que su cuerpo aún no estaba muerto, solo su cabeza iba y venía, pero hasta después de su muerte, sus músculos seguirían vivos, le daría aquello que siempre había soñado.
De nuevo la mano ascendió el permanente y enunció: “Decidle que venga. La amo.”
Así fue como los dos amigos desconsolados, salieron de la habitación y se dirigieron a casa del mártir. Le dijeron a la chica las palabras que había usado y decidieron esperar, había pasado una semana y ella no llegaba; las funciones vitales del adolescente iban decayendo día a día, y cada vez sufría más la espera de su anhelada visita. A falta de tres días para la supuesta muerte clínica, el pobre llegó a la fatal conclusión que su amada no vendría.
Llegó el día de su muerte, futura muerte aún. No había perdido las esperanzas pero su cerebro ya no respondía, le costaba pensar seriamente, así que decidió que le escayolaran los dos brazos de manera que pudiera aguantar el bolígrafo, a duras penas agarrado a sus débiles dedos. Así fue como en un último arrebato escribió: “Te quiero dar…”.
En ese momento, vio una luz y pensó que eran los ángeles que venían a maltratarlo hasta que dejará su vida en ello. No fue así, en ese momento, notó una suave y dulce sensación en los labios y vio como en sus brazos se apegaba alguien, era ella, nunca podría olvidar esos ojos tan intensos que lo hacían llevar a lo más cálido de una esplendorosa hoguera, así fue como después de aquella intensa sensación, vio escribirse en la pizarra “…todo mi amor.”.
De repente, todo sudoroso, vio encenderse una luz, creía que era el infierno que lo aguardaba, en la luz parpadeaban unas palabras… Se fue acercando y leyó “Ahora os contaré la historia de una joven de adolescente edad, que amaba con furor a su caballero.”. Se despertó y allí la vio, a su lado, tan cálida y tan hermosa como siempre…
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